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La Balacera

El nuevo millennium pinta muy negro

El nuevo millennium pinta muy negro
Encaramados al árbol de la ciencia, convengamos en que la novela y el cine negros, como la energía, ni se crean ni se destruyen, únicamente se transforman. Pueden pasar los años, y hasta los siglos, pero los párrafos y los planos, las páginas y las secuencias con un detective, una trama intensa, sibilina, vertiginosa y endiablada, y, cómo no, algún cadáver dentro, siguen distrayendo y seduciendo a lectores y cinéfilos de todas las latitudes. Los propios Spade y Marlowe, como Hammett, Chandler y Cain, más o menos han ido pasando a la historia (en una página principal, rebosante de humo, de aromas de café y whisky, de pistolas humeantes, de mujeres fatales y letales, y frases que cortan el hipo: «Tienes una moneda donde las demás mujeres tienen un corazón», Sterling Hayden dixit en «Atraco perfecto»). Pero otros siguieron tras la huella del crimen, James Ellroy, Chester Himes, Patricia Highsmith, Camillery… o el escocés Ian Rankin, que tras jubilar (o finiquitar literariamente) hace un par de temporadas a su problemático inspector Rebus, ha engendrado a un tal Malcolm Fox, mucho más respetuoso de las leyes y más moderado con la ingesta.

Pasan las décadas, inauguramos nuevo millennium, pero el cine y la novela negros, como el sueño de Chandler, Hawks, Bogart y Bacall, se antojan eternos. Tanto como las películas del propio Hawks, Huston, Welles, Siodmak, Tourneur, Walsh, Preminger… cuyas pesquisas (que tanto le debieron al cine europeo, al expresionismo, a los claroscuros), luego siguieron Scorsese, Coppola y sus padrinos, Truffaut, Chabrol, Tarantino, Harry el de Clint, y hasta por poner un ejemplo bastante reciente y conmovedor, el Eastwood de «Mystic River».

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