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La Balacera

Platos para morirse

Platos para morirse Clavé se inspira en las grandes novelas policiacas para inventar recetas de cocina

MARIA EUGÈNIA IBÁÑEZ
BARCELONA


¿Puede Agatha Christie inspirar la receta de una tarta? ¿Y Georges Simenon, la de una sopa? ¿La lectura de Henning Mankel propicia la creación de un excelente plato de pescado? Es cierto que cada novela deja un rastro diferente en los lectores, pero a Montse Clavé los personajes de ficción y sus autores se le han transmutado en texturas de alimentos, olores y sabores que ha convertido en recetas culinarias. Manual práctico de cocina negra y criminal es un peculiar catálogo de 45 escritores del género policiaco y sus criaturas literarias, vinculados todos ellos por el arte de los fogones a otros tantos platos o bebidas. Cada uno lee a su manera.
Clavé (Villamartín, Cádiz, 1946), autora de media docena de libros de cocina, es desde hace dos años gerente de la librería Negra y Criminal (calle de la Sal, en la Barceloneta), especializada, como su nombre indica, en novela muy negra y muy criminal. La simbiosis de esos dos mundos, el de la cocina y el de la novela policiaca, ha dado como resultado una forma diferente de acercarse a la lectura y de interpretar a los personajes. El libro, editado por la citada librería, de apenas 100 páginas, incluye a los escritores que Clavé ha leído durante los dos últimos años, una obra de cada uno de ellos y el plato que la lectura ha inspirado. Sólo en un caso, Manuel Vázquez Montalbán y su Carvalho, la receta citada --la caldeirada gallega-- no es una aportación de la autora, sino la copia textual de la preparación del plato que el fallecido autor introdujo en la novela Tatuaje.
"Yo me he acercado a ese género literario desde otra perspectiva --explica Clavé--; una buena novela puede inspirar muchas cosas, pero a mí los personajes me acercan a la cocina". El protagonista de El talento de mister Ripley, de Patricia Highsmith, se siente libre en Atenas, por lo que sus turbios manejos quedan sublimados en una musaka. Mientras que Jean-Claude Izzo, autor de Total Khéops --primera parte de su trilogía marsellesa--, inspira unos mejillones a la bretona, más adecuados para otra de sus obras, Los marineros perdidos.
En El ojo de Eva, Konrad Sejer, el comisario del escritor noruego Karim Fossum, sólo puede relacionarse con el salmón curado, receta accesible incluso para los españoles, y el descreído y misógino Ricardo Méndez, el policía de Francisco González Ledesma, en Historia de Dios en una esquina, propicia a la autora presente un magnífico pescado del Nilo al sésamo. Hay novelas que no dan para comidas, y sí para bebidas. Como Un día volveré, de Juan Marsé, según Clavé, "la gran novela negrocriminal de la Barcelona de los años 60", a la que adjudica un vermut negro con anchoas, el que se toma Jan Julivert cuando sale de la cárcel. Un detective clásico, el Sam Space en El halcón maltés, de Dashiell Hammet, sólo puede sugerir un whisky. Para este título, Clavé recomienda una marca determinada: Talisker single malt, de 10 años.
La autora explica que en su libro de recetas se funden dos placeres en apariencia muy alejados entre sí: cocina y novela negra. "Las dos son ejercicios lúdicos cuyo objetivo es hacer la vida más fácil y, en ambos casos, si no te gustan es fácil sustituirlos por otro plato y por otro libro".

Noticia publicada en la página 55 de la edición de 1/3/2005 de El Periódico - edición impresa.
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