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La Balacera

A timba abierta

A timba abierta

Hace aproximadamente un mes estuve en Madrid, pateando cámara en ristre las calles del centro como buen turista de provincias. Desde Malasaña -visita obligada ese Bukowski que codirige Carlos Salem en San Vicente Ferrer- hasta Lavapiés, desde Atocha a Sol, podía haberme evitado el viaje en AVE, los nosecuantos euros de vellón que me dejé en el hotel, las ampollas en los pies... No habría disfrutado del sabor de las cañas siempre acompañadas con una tapa -a ver si vamos tomando ejemplo en otras capitales- pero me habría ahorrado todo lo demás de haber tenido antes entre las manos esta primera novela de Óscar Urra, A timba abierta.

Porque, en clave de novela negra, de la mejor novela negra, Urra ofrece un recorrido digno de figurar en una guía de viajes, pero no de una cualquiera sino de una de esas que te permiten conocer los rincones menos monumentales pero más humanos, los bares sórdidos, los cines decadentes que se defienden como pueden de las salas asépticas y siempre iguales de los centros comerciales.

Y lo hace de la mano de cuatro cicerones que conocen esos barrios como nadie, cuatro perdedores de manual pertenecientes a cuatro estamentos distintos pero construidos con los mismos genes, cuatro ases de una misma baraja: Julio Cabria, detective y ludópata -o viceversa-, al borde de la azotea y del suicidio en el momento en que recibe el encargo que le hará posponer su despedida de este mundo cruel; Gregorio Meléndez, policía que se resiste a ser prejubilado, cínico, violento y un tanto desconcertante en su modo de actuar; César, camarero de raza, de los que dominan el arte de tirar una buena caña de cerveza y con algún vicio inconfesable aunque sea de dominio público; y el Vitriolo, experto en mantener las orejas permanentemente abiertas y la boca siempre cerrada salvo que haya dinero por medio.

A estos cuatro elementos se irán uniendo otros no menos importantes, desde el mafioso castizo apodado el Botines y sus dos inseparables guardaespaldas a un personaje enigmático que se dedica a abofetear con sus soflamas libertarias la cara de quienes están dispuestos a escucharle, desde tres mafiosos de los de Italia de toda la vida a una intrigante Pandora a la que todos buscan...

Escenario reconocible y perfectamente descrito, personajes de carne y hueso, una trama que -como diría un chef pijo y sin querer avanzar nada de la misma- aúna tradición y modernidad... Con todo ello ya tendríamos una muy buena novela, pero lo que hace de A timba abierta una novela excelente es el extraordinario dominio del lenguaje que demuestra su autor, que sabe mezclar lo descarnado con lo lírico, que demuestra con palabras precisas su profundo amor a todo un barrio y a unos personajes a los que parece conocer muy bien, posiblemente a fuerza de haberlos visto a diario entre la cola para el pan y la lectura de la prensa en una terraza soleada.

Lo decía al principio: hace aproximadamente un mes estuve unos cuantos días por Madrid, recorriendo esas mismas calles de las que habla Urra; hoy, gracias a su novela, creo que he llegado a conocerlas de verdad.

Ricardo Bosque, noviembre de 2008


A TIMBA ABIERTA
Óscar Urra
Salto de Página

 

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