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La Balacera

Novela negra a la italiana

EL PASADO ES UNA TIERRA EXTRAÑA
Por Gianrico Carofiglio-(El Ateneo)-Trad.: Clara Giménez-280 páginas-($ 25
)

¿Qué es lo que conduce a un joven, aparentemente sin conflictos familiares o personales, integrado en la sociedad en la que vive, a probar suerte descendiendo lentamente en las sentinas del vicio y de la perdición? Este simple interrogante parece animar la trama de El pasado es una tierra extraña, del escritor italiano Gianrico Carofiglio. Giorgio, un muchacho de veintidós años, estudiante de derecho, encuentra a Francesco, bello y corpulento, prestidigitador y experto en el juego de las cartas. Lo que Giorgio aprende de Francesco es el placer inaudito de hacer invariablemente trampa en las partidas nocturnas de una Bari espectral, lujuriosa y corrupta, donde ambos personajes se mueven con ambición y desenfreno. Paralelamente, otra historia se desarrolla en la ciudad. Una serie ininterrumpida de estrupros contra jóvenes sensuales y hermosas desvela al teniente local que no logra dar con el perfil del violador. Las apuestas, así como los riesgos que Giorgio y Francesco corren, aceleran el ritmo de la historia, que conduce, hacia el final, a un desenlace bastante anunciado y no demasiado sorprendente.

En este thriller psicológico, lo más interesante radica en el carácter formativo de las nuevas experiencias del protagonista. La educación criminal de Giorgio por parte de Francesco es progresiva y perfectible. Por ello, la novela trabaja constantemente sobre la idea del desdoblamiento físico y anímico del personaje: desde el goce de una embriagadora libertad apenas conquistada hasta el descontado sentimiento de culpa que anida en el ánima buena del personaje. Toda la trama tiende a querer construir esa delicada fricción que nace del entrecruzamiento permanente entre las formas heredadas de la infancia y la informe caracterización psicológica del adolescente tardío que quiere ser adulto. Giorgio se niega a plasmar su vida sobre la base de lo que ha sido hasta entonces y aspira a convertirse (en el sentido pleno de la palabra) en el adulto que sus padres ni siquiera sospechan. Justamente es esta lucha interior entre dos principios contrarios entre sí -al fin de cuentas, la enésima metáfora sobre el Bien y el Mal que se enfrentan- la que mantiene en vilo al lector hasta la última página. Y cuál es el principio que vence, no es posible saberlo hasta el final.
 
Gianrico Carofiglio escribió en 2002 su primera novela, Testimone inconsapevole ("El testigo que no sabe"), que se convirtió velozmente en un éxito editorial. En 2003 compuso su segundo policial, Ad occhi chiusi ("A ojos cerrados"), con una buena recepción por parte del público. El policial italiano tiene en Carofiglio un nuevo capítulo de su breve historia. Atrás queda la experiencia señera del policial expresionista de Carlo Emilio Gadda. Lejos también y con pocos puntos de contacto, la vasta producción de Leonardo Sciascia, para quien el policial era una forma de indagación de la política y de la historia. Por más que la trama transcurra en el sur de Italia, tampoco hay influencia de la saga policial de Andrea Camilleri, en que el comisario Montalbano, siciliano hasta la médula, interpreta siempre los códigos impenetrables del mundo siciliano. Carofiglio pertenece más bien a esa última generación de escritores de novela negra que acusan una enorme deuda con el policial norteamericano, ya sea en su versión impresa, ya sea en su versión cinematográfica.

Alejandro Patat

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