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La Balacera

EL SAMARITANO

Richard Price cimenta su última novela sobre un héroe de los suburbios, y sobre la virtud de la generosidad

JUAN Bolea 04/11/2004

Cuando se termina de leer El Samaritano , la última novela de Richard Price, con su ambiguo y cenagoso final, uno tiene la impresión de haberse perdido algo.

Pero no se trata, en ningún caso, de una sensación que pueda responder a una lectura vaga o culpable, acelerada o tramposa, sino más bien a una suerte de vacío o ausencia que el autor parece querer legarnos al cabo de su historia. Peripecia literaria, por cierto, que otro consagrado colega, como Elmore Leonard, no ha dudado en calificar de extraordinaria. Como una novela extraordinaria.

Ciertamente, y dando la razón a Leonard (que suele tenerla) El Samaritano contiene algunos elementos excepcionales.

Comenzando por la originalidad del tema elegido, que no es otro que el de la generosidad. Pero no en su acepción de virtud común, casi cardinal, sino entendida como una patológica dadivosidad que llevará al protagonista de la novela, Ray Mitchells, a enfrascarse en curiosas situaciones. Episodios en las que su prodigalidad obrará un efecto aparentemente benéfico en un principio, pero paradójico, o contradictorio, de atenerlo a sus efectos últimos, a la cadena de acontecimientos que su generosidad genera.

Mitchells, el samaritano protagonista, no es, obviamente...

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