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La Balacera

La norma como estímulo

Mark Mills describe un fresco de carácteres oscuros y enérgicos, en una comunidad cerrada y violenta con sus propias leyes de juego

LILIAN NEUMAN - 03/08/2005

Durante la reciente Semana Negra de Gijón se ha discutido - y no es la primera vez- el tema de las etiquetas y clasificaciones. Se ha discutido, en resumen, si es justo dividir a la novela entre negra (o policiaca, o de misterio, o de suspense) y blanca o no negra.Lo cierto es que mientras se discute sobre el género negro y sus normas, siguen apareciendo novelas de todos los colores. En el campo de las colecciones de género negro algunas pasan desapercibidas y otras - como MistycRiver o Shutter Island, de Dennis Lehanne- se elevan por encima de cualquier discusión. También esta novela de Mark Mills, un guionista que se estrena con esta historia que puede leerse como la investigación de una muerte en oscuras circunstancias y que da a pensar en las bondades de este género. Sostengo que la restricción del género negro - tiene que haber al menos un crimen- permite que aparezcan historias de una gran libertad expresiva, de una fuerte personalidad y un talante que, como en este caso, no se olvida así sin más. Mills se ha trasladado a Long Island, finalizada la Segunda Guerra. Allí viven ricos y pobres y, aparentemente, viven bien. El asunto es que toda apariencia comienza a resquebrajarse con la aparición del cadáver de una muchacha en las costas de Amagansett. Lillian era hija de una familia adinerada, una buena nadadora, sin embargo la autopsia - o la ineficaz autopsia- revela que la corriente le jugó una mala pasada.

Hasta aquí la restricción del género, y en adelante algunas impresiones sobre esta tan recomendable lectura. No será fácil para el lector olvidarse de Conrad, un pescador de origen vasco, que ha luchado en el frente y que sobrevive a sus tragedias personales como mejor puede. Un individuo reservado que poco interés tiene en meterse en problemas. Pero Conrad ha encontrado el cadáver de Lillian. Y esto no es poco para él, que en su pasado ya ha lidiado con otros cadáveres. Ala vez, un policía recién llegado se encuentra cada vez más involucrado en esta investigación. Hollis ha dejado Nueva York con una injusta mancha en el expediente, y su insoportable y pueblerino superior ahora se empeña en que deje de meterse en la muerte de Lillian. No debe hurgarse en el mundo de los poderosos. Pero Hollis es inteligente. Ha estado en la casa de Lillian, ha visto un detalle que a todos se les había pasado por alto y, sobre todo, ha tenido contacto con su glamourosa familia. Un hermano nervioso, un padre que no pierde el tipo, una hermana que vive el duelo bañándose en la piscina con sus amigos, un ex novio que no se entiende que pinta allí y un amigo de la familia que puede ser muchas cosas menos desinteresado. Hollis todavía no conoce a Conrad, pero lo conocerá, en tanto el lector se adentra en el mundo de este pescador y en el de una comunidad cerrada, violenta con sus secretas leyes del juego. "Estamos en el siglo XX" se dice por allí para dar una idea de modernidad, pero en ese lugar se respetan tradiciones primitivas e insultantes. Mills ha compuesto un penetrante fresco de carácteres oscuros, olvidados, tristes y enérgicos. Y describe a gentes que se empeñan en la verdad, a costa de su propia vida. Y ha hecho que la historia pasada - la guerra, la política y el errático devenir del mundo- jueguen un papel de peso en una historia que alberga más de un asesinato. En otras palabras, se ciñe al corsé del género para volar en libertad.

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