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La Balacera

Una novela convierte el Maresme en república islámica

Raúl Argemí –preso de la dictadura argentina– publica una obra sobre la tortura, “que era la misma que en Abu Ghraib, obra de la CIA”

XAVI AYÉN - 26/05/2004

Barcelona. – Mediados del siglo XXI. Mataró es la capital de la República Islámica del Maresme, una especie de parque étnico-temático donde habitan los llamados “afrocatalanes”, unas gentes que lucen barretina, danzan una peculiar mezcla de folklore subsahariano con la sardana y, políticamente, mantienen buenas relaciones con la Generalitat. Es sólo uno de los escenarios –también aparece Bagdad– de “La cara hembra de Dios” (Minotauro), la nueva novela del argentino Daniel Alcoba, afincado en Catalunya desde 1983.

“Las lecturas que más han influido este libro –explicó ayer el autor– son la Biblia, el Corán, las tradiciones cabalísticas y ‘Las mil y una noches’, que adapté en su día al español”. Uno de los ejes del argumento es la revolución feminista exacerbada que se produce en las dos religiones monoteístas que dominan el Mediterráneo, la católica y la islámica, lo que lleva nada menos que a la ordenación de una imana en la mezquita de Barcelona y a la revuelta de las “yadakas”, unos comandos de mujeres que cortan los testículos a los hombres maltratadores. Aunque un fuerte sentido del humor recorre la novela, Alcoba afirma haber estudiado con rigor los textos religiosos en que basan sus desafueros los citados grupúsculos feministas.

Temeroso de caer en el pozo de las etiquetas, el autor, inquirido acerca del género de su obra, respondió: “¿Ciencia ficción? Yo creo que la literatura de género existe, pero es la mala. Y, en cualquier caso, en mi libro hay más influencia de Kierkegaard que de William Gibson o Ray Bradbury”.

Alcoba presentó ayer su novela en Barcelona conjuntamente con la de su ex compañero de prisión en Argentina Raúl Argemí, “Penúltimo nombre de guerra” (Algaida), una obra sobre la tortura y la represión, entre negra y psicológica, en la que un hombre se despierta en un hospital tras un accidente de tráfico, y sólo recuerda su nombre y su oficio de periodista. Argemí –que ha sido actor, director teatral y periodista– sufrió diez años de cárcel –dos de ellos en el “pabellón de la muerte”– bajo la dictadura argentina, y afirma que “las torturas que padecíamos nosotros eran las de los manuales de la CIA norteamericana, y se trata exactamente de los mismos métodos que se han utilizado en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, nadie que conozca bien estos temas se ha sorprendido”. Precisamente, “Penúltimo nombre de guerra” trata “de una persona que pasa de torturado a torturador, un cambio de bando que deja pequeño cualquier transfuguismo”.

Argemí, que llegó a Barcelona hace unos años procedente de la Patagonia, es bien conocido entre los aficionados españoles a la novela negra. En esta ocasión, ha ambientado su libro en aquellos paisajes del sur de su país “porque me gusta el contraste entre las historias sórdidas y los espacios abiertos”.

La Vanguardia
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