Blogia
La Balacera

Días sin tregua

De entrada, y para hacer un chiste fácil, diré que al título de la última novela de Miguel Mena le sobra el plural, porque ha sido un solo día el que he necesitado para metérmela entre pecho y espalda. Eso sí, un día sin descanso salvo el imprescindible para bajar a tomar unas cañas cerca de casa y guardar las formas ante los inminentes comentarios tipo "últimamente no tienes ojos más que para los libros" o "para estar al lado de un mueble con gafas me voy con mi madre de compras" que me empezaba a ver venir.

Claro, el autor no pensaba en mi manera de leer cuando puso título a su obra, sino en los durísimos días de la transición, y en concreto a las semanas posteriores al intento de golpe de Estado de Tejero, con ETA matando a un ritmo de dos personas por semana, con secuestros para dar y regalar como el del ingeniero Ryan o el heladero valenciano Suñer, con la extrema derecha calentando todavía más el ambiente, con la Guardia Civil con el gatillo flojo del caso Almería y con los cuarteles y comisarías del país repletos de funcionarios ansiosos por brindar cuando el sucesor del golpista del tricornio tuviera éxito y acabase con la puta democracia de los cojones.

Y, por si fuera poco, por si la gente todavía no estaba bastante desestabilizada con la que estaba cayendo, alguien golpea en uno de los pocos estamentos que unen a todos los españoles: el fútbol, claro. Y no se le ocurre otra cosa que secuestrar al "pichichi" de la liga, al asturiano y desde esa temporada barcelonista Enrique Castro "Quini".

"Días sin tregua" es una novela atípica para el género, puesto que, por una vez y sin que sirva de precedente, el lector parte con varios cuerpos de ventaja respecto de los investigadores del secuestro, ya que la novela es parte de la historia de este país y todo aficionado medianamente informado sabe que a Quini lo secuestraron unos pobres hombres en paro y lo tenían retenido en un sótano de Zaragoza; y mientras eso sabe el lector, la policía buscando en Barcelona conexiones con ETA, GRAPO, grupos organizados que pretendan añadir más leña al fuego o mafias de todo tipo.

Sin embargo, esa ventaja del lector no resta intriga a la novela ya que lo de menos es quién sea el autor de tan sorprendente secuestro. Lo verdaderamente importante es la lección de historia reciente que supone la novela, la crónica casi periodística de unos años convulsos que pueden suponer el regreso a las catacumbas dictatoriales o la vacuna que inmunice al país contra todo lo que esté por llegar.

Y como maestro para impartir esta clase de historia, Mena elige a Luis Mainar, un inspector madrileño que acaba de participar en la investigación del secuestro y asesinato por parte de ETA del ingeniero Ryan de la central nuclear de Lemóniz (como dice el protagonista, el gatillo es mucho más rápido que la radiactividad) y que es destinado a Barcelona para colaborar en la resolución del caso del futbolista.

Mainar abandona su comisaria de Madrid dejando tras de sí los vasos de plástico pringosos de champán barato con que muchos de sus compañeros han brindado seis días atrás por Tejero. En Barcelona, nido de rojos y separatistas, no le recibe un ambiente más agradable y pronto descubre que será mejor no manifestar en público (entre sus colegas, evidentemente) su disgusto y preocupación ante tanto salvador de la patria como abunda en los cuarteles españoles o asegurar que, ingenuamente tal vez, preferiría ser inspector de Scotland Yard, donde ni la policía cuestiona la democracia ni los ciudadanos desconfían de la policía.

Pero no sólo deberá callar sobre eso, sino que también deberá hacerlo respecto a la propia investigación en la que colabora. Y guardarse las espaldas, como comprobará cuando se percata de que alguien de su propia comisaria pretenda chantajearle aunque no tenga ni idea de por qué motivo.

Todo ello salpicado por la presión de sus problemas familiares: un suegro militar que no deja pasar ocasión para pedir menos politiqueo y más mano dura, una mujer a seiscientos kilómetros de distancia geográfica y casi tantos en lo emocional y, lo peor de todo, una hija que no crece como los demás niños de su edad sin que los médicos sepan porqué, que tal vez nunca sepa decir papá, una niña que ríe sin tener motivo para hacerlo, que se lleva todo a la boca… incluso la pistola que encuentra en una maleta en uno de los momentos para mí más terriblemente tensos de toda la novela, y no sólo por el peligro que supone para la criatura sino por los sentimientos que despierta en el padre.

En definitiva, una magnífica novela que, con la excusa de un secuestro que conmocionó a los aficionados al fútbol de todo el país, nos sirve, entre otras cosas, como resumen de prensa de una de las épocas más convulsas de la historia reciente de España. Y para tenernos amarrados hasta el final a nuestro sillón favorito sin tiempo siquiera para tomar una cañas con los amigos. Con el calor que se avecina.

DÍAS SIN TREGUA (Premio Málaga de novela)
Miguel Mena

DESTINO. 2006

Ricardo Bosque para La Gangsterera

1 comentario

Francisco Ortiz -

Muy interesante tu comentario. Tenía la novela esperando turno. La he colado. Aunque en un día no creo que la empiece y la acabe.